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Que el alcohol es un elemento que debe estar totalmente alejado de la circulación por carreteras es algo evidente. El «Si bebes no conduzcas» es un lema que hay que tener grabado en nuestra cabeza, pero que también hay que aplicar en lo que a conducir bicicletas se refiere. No porque sea un vehículo sin motor debemos dejar de lado esta norma, aunque a veces a algunos se les olvide. Los ciclistas tienen las mismas responsabilidades y obligaciones en las vías públicas que los conductores de vehículos a motor y, por lo tanto, la tasa máxima de alcoholemia permitida es de 0,25 mg/l en aire. Ya ha sucedido el caso en el que se multa a ciclistas tras dar positivo en el test de alcoholemia. 

 

Pedales, sólo los de la bicicleta

Es normal en las salidas ciclistas realizar alguna parada para tomar algo de almuerzo, el mítico café con XXXX (añada su pieza de hidratos favorita) puede también transformarse en un pincho de tortilla con algo ‘fresco’. Digámoslo por su nombre, una cerveza. Si la parada se alarga, o se ha transformado en comida, pueden darse casos en los que quizás el consumo de alcohol sea superior al adecuado para después cumplir con las normas de tráfico. Una opción son las sin alcohol o las ‘Radler’ 0,0, que además significa ‘ciclista’ en alemán.

También hay que hablar de las consecuencias físicas en el organismo y las dificultades que añade el alcohol a la práctica deportiva: reduce los reflejos y provoca deshidratación. Si esto sucede, lo mejor es dejar la bicicleta parada y llamar a algún familiar o amigo para que venga a buscarnos y no correr el riesgo, tanto de la sanción como de un posible accidente.

Si al consumo de alcohol le añades que tu cuerpo no está en las mismas condiciones al acumular kilómetros que si fueras ‘sedentario’, con poco más de un tercio la tasa prohibida está más cerca de lo que te piensas, y las desventajas son muy extensas en lo que a rendimiento deportivo se refiere. 

No es algo sólo aplicable a cicloturistas

Hemos hablado del caso de los ciclistas que salen a pedalear por deporte, pero no hay que olvidar aquellos que usan la bicicleta como medio de transporte. Aunque no circulen por la carretera, usen carriles bici u otras vías simulares, la autoridad puede solicitar el test de alcoholemia.

En este reportaje de LaSexta vemos como se realizan test por la noche a ciclistas en Madrid. «Parece que se ha puesto de moda salir de copas y volver a casa conduciendo bicicletas públicas», explica un agente. Desde que se hacen controles un 30% dan positivo, un dato que ha sorprendido a los conductores habituales de bicicletas públicas en Madrid.

En caso de dar positivo (más de 0,25 mililitros de alcohol por litro de aire), los ciclistas se enfrentan a una multa que oscila entre los 500 y los 1.000 euros, dependiendo de la tasa de alcohol, y la bicicleta queda inmovilizada. Se trata de una sanción administrativa, y que no conlleva responsabilidad penal como si se tratase de un coche. Tampoco se ven afectados los puntos del carnet de conducir, en caso de que el ciclista tenga algún permiso de conducción.

Si tienes en la cabeza la imagen de los ganadores del Tour o LaVuelta brindando en la última etapa, bórrala inmediatamente y ten claro que con la bicicleta no hay cervecita o ‘carajillo’ que valga.

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